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Stories of pain: Women in poultry processing

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Irma (left) joined a meeting of the poultry worker coalition at the worker center in Morganton, NC. Photo: Mary Babic/Oxfam America

Difficult working conditions, and lack of bathroom breaks, make processing poultry a tough line of work for women.

After years of working in poultry processing in North Carolina, Irma became a leader in a local workers’ center. At a recent convening of the poultry worker coalition, she shared her story with Oxfam, which is continuing to work for improved conditions and compensation for poultry workers. We are withholding her last name at her request.

(Ver abajo para español)

I came to the USA from Guatemala in 1999, and settled in the city of Morganton, N.C. I started working at Case Farm’s poultry plant in January 2000.

Working conditions at the plant were very difficult. I started my work gutting chickens without any proper training. The working days were long and the line speed was increasing more and more. As the pressure to produce more chickens increased, it became much more difficult to take a break or get permission to go to the bathroom. This was damaging to my health.

I worked in the poultry plant for six years. When I had my first baby I had complications that forced me to rest due to my doctor’s orders, but the plant decided to do without my services. I was forced to leave the plant.

Knowing the abuse that happens inside the plant, and aware of the difficult conditions there, I was motivated to participate in listening circles organized by the [Western North Carolina] Workers’ Center. I really identified with the stories I heard from so many women like me who were going through tough situations and difficulties in the poultry plant.

These listening circles were very important in order to identify common problems, and we began to analyze different ways of addressing them. Language barriers and immigration status have been the biggest obstacles we face every day, and this is why having safe and neutral spaces is a great help to overcome fear.

As the group grew, we gained strength and motivation to start planning a campaign that would publicize women’s voices and make visible the daily problems that silently affect us.

One of the events that was very empowering was participating in a regional meeting of working women. In that space we had the opportunity not only to discover our shared stories, but also to find solidarity and material support that encouraged us to move forward with our campaign. We also found support from women in other regions and industries who have committed as consumers to support our cause.

Our training helped us to build our campaign strategy, and together we listed every step we had to take to reach our goal: permission to go to the bathroom.

Finally, we decided to lose our fear and start our campaign. The first action was to publicly invite the manager of the plant to have a conversation with the Workers’ Center. We wanted to publicize the injustices around denying permission to go to the bathroom, and propose from our perspective a solution that really works.

We believe that those of us who have worked in the plant know the reality around not being allowed to go to the bathroom, and we have a perspective that plant management may not be aware of.

Although this first step has not been easy, we have felt strengthened by the support and solidarity of allies. The coalition that works on behalf of poultry workers has been very helpful.

I think that this process will benefit not only us as workers, but also the entire poultry plant.

There are many other stories of pain like mine. I would like to make them known so that consumers know how much pain is in the meat they eat.

At a rally outside a poultry plant in Morganton, Irma (left) spoke to the media about conditions inside the plant, including routine denial of access to bathroom breaks. Photo: Mary Babic/Oxfam America

 

Historias del dolor: Las mujeres en el procesamiento de aves de corral

Las duras condiciones de trabajo y la falta de descansos para ir al baño, hacen que el trabajo en las plantas polleras sea una línea de trabajo difícil para las mujeres.

Después de años trabajando en el procesamiento de aves en Carolina del Norte, Irma se convirtió en líder en un centro de trabajadores locales. En una reunión reciente de la coalición de trabajadores avícolas, compartió su historia con Oxfam, que continúa trabajando para mejorar las condiciones y la compensación para los trabajadores de pollera.

Vine a los EEUU desde Guatemala en 1999 y me establecí en la ciudad de Morganton, NC. Empecé a trabajar en la planta avícola de Case Farms en Enero del 2000.

Las condiciones de trabajo eran muy difíciles. Sin entrenamiento apropiado inicié mi   trabajo eviscerando pollos. Las jornadas de trabajo eran largas y la velocidad de la línea se iba incrementando cada vez más. A la medida que la exigencia de producir más incrementaba, los permisos y consideraciones para ir al baño y otros descansos se hacían mas difíciles perjudicando mi salud.

Trabajé en la planta avícola durante seis años. Cuando tuve  mi primer  bebe, tuve complicaciones  que me obligaron a descansar por recomendaciones de mi doctor pero la planta decidió prescindir de mis servicios. Me vi obligada a salir de la planta.

Conocedora de los maltratos de la planta, y consciente de lo difícil que son las condiciones de la planta me sentí motivada a participar de los  espacios de escucha  que organiza el Centro de Trabajadores. En estos espacios de escucha me sentí  muy identificada con las historias de tantas mujeres que al igual que yo estaban pasando por situaciones muy difíciles en la planta avícola.

Estos espacios fueron muy importantes para poder identificar problemas en comunes que las mujeres tenemos y empezamos a analizar distintas formas de abordarlos. Las barreras del idioma y el estatus migratorio han sido los obstáculos más grandes que afrontamos diariamente, razón por la cual tener espacios neutrales y seguros es de mucha ayuda para vencer el miedo.

Como el grupo creció, ganamos la Fortaleza y motivación para iniciar a planear una campaña que hiciera visible y pública la voz y las problemáticas diarias que silenciosamente nos afectan a nosotras las mujeres.

Uno de los eventos que ha sido muy empoderador para nosotras  ha sido participar en el Encuentro Regional de Mujeres Trabajadoras. En este espacio  hemos tenido la oportunidad no solamente de encontrar historias en común pero también encontrar apoyo y soporte que nos ha animado a salir adelante con nuestra campaña.

Hemos  encontrado apoyo en las mujeres de otras regiones y sectores laborales que se han comprometido como consumidores a apoyar su causa.

En este espacio pudimos compartir la trayectoria de nuestra campaña desde sus inicios, como iniciamos a hacer un diagnostico, y como aprendimos a hacer un diagnostico participativo.  Descubrimos cuanto poder y capacidad de organización tenemos entre nosotras. Recibimos juntas muchas capacitaciones  y esto nos ayudo a construir nuestro cuadro de estrategia de campaña donde listamos cada paso que debíamos seguir para poder alcanzar nuestra meta, los permisos para ir al baño.

Finalmente después de haber tenido muchas sesiones de planeación decidimos perder el miedo e iniciar nuestra campaña. La primera acción de esta campaña ha sido invitar al manager de la planta para que podamos dar a conocer las injusticias alrededor de los permisos para ir al baño y proponer desde nuestra perspectiva una solución que realmente funcione.

Nosotras creemos que quienes hemos trabajado conocemos mejor la realidad alrededor de los permisos de ir al baño desde una perspectiva que ellos no conocen.

Aunque este primer paso no ha sido fácil, nos ha fortalecido mucho sentir el apoyo y acompañamiento de aliados. La coalición que trabaja a favor de los trabajadores avícolas ha sido de mucha ayuda.

Pienso que este proceso que iniciamos beneficiara no solo a nosotras como trabajadores pero también a la planta avícola.

Detrás de mi historia hay otras historias  de dolor  y me gustaría darlas a conocer para que los consumidores sepan cuanto dolor lleva la carne que consumen.